Se cumple y se canta su triste elegía.

La libertad, muere en cada esquina y suplica, con voz apagada, un sitio en el que vivir. Yo le ofrezco mi sueño: escribir.

30 octubre, 2011

Samhain night.




Las sombras que propagaban las velas en los muros de piedra, le asustaban más que las historias que le habían contado desde que era niño. 
El día había sido duro. Desde el amanecer, había ayudado con la cosecha y se presentaba una despedida estival demasiado larga. Ahora venían meses de heladas, nevadas, noches eternas que le ganaban terreno al dios Sol. Y con esos últimos recuerdos de los meses transcurridos a orillas del río, de la cantidad de guerras que había librado gracias a su espada, su única y verdadera compañera, se iba su ánimo lentamente.
Pero esta noche daría la bienvenida a sus ancestros. Sentiría la presencia de aquellos que no tuvieron la misma suerte que él y que ahora yacían en los páramos de la otra vida. 

Suspiró y necesitó más de un minuto para darse cuenta de lo lejos que se había quedado del resto. Los alcanzó sin esfuerzo uniéndose a las celebraciones.
Las estrellas recordaban las sonrisas de todos sus recuerdos y se dejó llevar por la música que le envolvía. 
¡Cuánta belleza concentrada en aquel paisaje!. Praderas que se perdían en la oscuridad nocturna iluminada levemente por la luz de la luna y el cálido resplandor de las velas y hogueras que prendían desde antes del ocaso. 
Ojalá  nunca cesase tal muestra de plenitud. Deseó que por un instante que todo aquello fuera eterno. 
Entonces, mezclándose con la brisa fría, el abrazo de todos aquellos que ya no tomaban parte del mundo terrenal, se apoderaron de su cuerpo.

Y no hubo sensación tan gratificante como la de aquella noche. Donde honor y causa se unían a la festividad de un nuevo año.

L.A.


29 octubre, 2011

Texturas de costumbres.

Me gusta asomarme a la ventana. Reconocer los muros nuevos del antiguo hospital militar, frente a los viejos y derruídos del ala norte. Habiéndose librado una batalla encarnizada entre el tiempo y la fuerza del pasado, contra la plenitud y poder del presente. Adoro la musicalidad del vuelo de las golondrinas, despidiéndose del ocaso, de la promesa de un día maravilloso.
Lloviznando, mi pelo se alborota al compás de las nuevas, pero tenues, ráfagas de viento frío, que despejaron las nubes grises del cielo. Respiro humedad y con ella entreabro los ojos del recuerdo: "Una isla que desaparece entre neblinas y olas azules con manto de perlas finas."
 El juego de colores fríos es estremecedor e increíblemente excitante. Es mi piel la que ahora te echa de menos, y mis tobillos se giran, casi sin esfuerzo, para ir en pos de tu encuentro.
Altivo, como de costumbre, tu cuerpo, apoyado en el marco de la puerta y esa risita que muestras sabiendo el poder que tiene sobre mí. Eres magnífico. Todo tu ser envuelto en esa magia, en ese calor.
Me buscas, ahora, a tientas y ambos contemplamos el horizonte. Tus brazos fuertes rodean mi cintura y siente tu respiración en mi cuello, tu anhelante súplica.

Árboles verdes, praderas con tonos marrones, en el infinito de la tarde. Todo en armonía.
Incluso tus labios, que acarician mis mejillas. intentando zafar los míos, encuentran un sitio perfecto en mi piel.
Atesoro cada momento como único e irrepetible y contesto a tu súplica, con el mejor de mis besos.


L.A.

28 octubre, 2011

Confesiones a media voz.

- Siempre he pensado que la vida es algo más que odio o amor. ¿Has sentido la cantidad de energía que derrochamos al odiar? Si se invirtiera todo ese desgasto en, por ejemplo, mejorar las relaciones personales, para más tarde aspirar a cambiar fronteras entre todos, el mundo, o al menos la concepción que tenemos del mismo, sería distinta. - Paró un momento para rascarse la nariz. - A lo que me refiero es que deberíamos dejar tanta envidia absurda, tanta indiferencia fingida o dolor ajeno que ni si quiera sentimos.
 >>Deberíamos dar paso a la oportunidad, al perdón. No ese perdón inculcado, si no el sincero. El que nace en el pecho y ansía salir. - Sintió como miles de ojos la escrutaban sin compasión.- Veréis, es sencillo, el corazón, hablando en términos espirituales, es como una bolsa que va cediendo por cada cantidad de sentimiento volcado en su interior. Cuanta más felicidad, más donde albergar; contra más rencor y venganza, menos lugar para almacenar, concluyendo con la explosión inminente de actuaciones irracionales. ¿Qué necesidad? - Pensó en una sola persona, y decidió compartir su experiencia personificando la misma.- No busco a nadie en particular entre vosotros, pero... siento vuestra curiosidad, la infelicidad que te hace estar compartiendo esto conmigo. Si eres tú quien me escucha, yo ya te he perdonado.
No siento nada hacia ti. ¿Qué gano con ello? Luché en vano, ciega de rabia, contra paredes hormigonadas y tengo escudo y espada desgastado, desquebrajados. ¡Qué podría decir! Al fin y al cabo, éramos inocentes.
La felicidad no consiste en pregonar la buena suerte que te ha tocado vivir. No se halla en pequeñeces ni en monumentalidades supremas.
Es algo íntimo, férreo al espíritu y dependiente de mucho más de lo que te imaginas. De otra forma, vives un engaño. Como hasta ahora. - Respiró hondo. - Deberíamos aprender a querernos un poco más...
Por eso pienso, que la vida es demasiado corta como para ir recordando cada puntada con la que te remienda la vida el vestido de la memoria. Si ligero es tu corazón, así lo estará tu espíritu. - Concluyó.

El espejo comenzó a empañarse por el frío y sucumbía ante el vaho de aquella noche. La imagen borrosa, quedaba perdida en las profundidades de la masa cristalina.
Y el reloj resonó por entre los muebles y puertas de la casa. Otra reflexión a oscuras que la pequeña compartía a solas, en su reducido universo.
Apagó la luz y se fue a la cama.
¡Perfecto! Era justo lo que necesitaba para dormir.

L.A.

27 octubre, 2011

Silencio, todo duerme. [Poema al 608]

Cae el telón. Sabes que ya ha caído de golpe en más de una ocasión, y de repente, esa sensación que conoces tan bien.
Soledad que trepa asfixiante desde los pies a la garganta, donde aprieta con fuerza para dejar de ti esencia, nada más que existencia. De vuelta a lo mismo... luces fuera. Despierta del sueño.
Doblegada a la voluntad de su público, toma consigo sus alabanzas suaves, a modo de susurros florales. Una lágrima rompe el silencio. Sabes que los aplausos dejaron de sonar hace horas. Sin embargo, sigues aquí, de rodillas ante un mundo que no te pertenece. 
Pobre, conoces de sobra este mundo y le tienes miedo. Te arrastras, reptas por los rincones del alma de aquellos que tuviste, los mismos que actúan de jueces y verdugos. Tus ojos no están acostumbrados a tanta oscuridad. 
Desciendes las escaleras traseras. Marea de clavos entre nubes de algodón dulce, perforan levemente tu piel mientras callas agudos chillidos que más tarde resonarán en tu conciencia. Llegas a tu lugar favorito y cierras los ojos, para morir de una muerte rara, la misma que lleva acompañándote toda la vida.


Silencio, todo duerme.


Entonces, un rayo de luz culmina con lo que creías densidad cristalina, fría y latente oscuridad. No viene acompañado de falsas ilusiones. Se acerca desnudo, sin miedo. Rasgos perfectos en un rostro sencillo. En cascadas, tirabuzones y crees tener una chispa de la felicidad que te habían contado.
Es él y todo queda reducido a ese instante. 
Dejas que te acaricie lentamente, que borre todo el rastro que han ido dejando las garras de tus silencios mejor callados. Su calor es reconfortante pero lo que más te gusta es la luz que desprende. Esa paz rebosante de plena alegría. 
Sientes, después de tanto tiempo, que los extremos de tu boca pesan, pesan de la forma más ligera. Es algo raro, pero ahí la tienes: sonrisa de oreja a oreja.
Ya no hay dolor... Es entonces cuando piensas: "Bendice la voz suprema de mi interior, el día en que llegaste."


Silencio, todo duerme. Gracias por todo, mi joven músico.

26 octubre, 2011

Orígenes.

[...] <<Mortal, efímero y osado,
por piedad guarda para ti lo que cuento,
pero piensa a veces en lo que ha sido,
y en las escenas que han visto estas rocas desmoronadas;
en conciencias ya viejas antes de que tu débil progenie
apareciese en una magnitud menor,
y en seres vivientes que todavía alientan
aunque no parezcan vivos los humanos.
Yo soy la voz de la madre tierra,
de la que nacen todos los horrores.>>

H.p.Lovecraft