- Siempre he pensado que la vida es algo más que odio o amor. ¿Has sentido la cantidad de energía que derrochamos al odiar? Si se invirtiera todo ese desgasto en, por ejemplo, mejorar las relaciones personales, para más tarde aspirar a cambiar fronteras entre todos, el mundo, o al menos la concepción que tenemos del mismo, sería distinta. - Paró un momento para rascarse la nariz. - A lo que me refiero es que deberíamos dejar tanta envidia absurda, tanta indiferencia fingida o dolor ajeno que ni si quiera sentimos.
>>Deberíamos dar paso a la oportunidad, al perdón. No ese perdón inculcado, si no el sincero. El que nace en el pecho y ansía salir. - Sintió como miles de ojos la escrutaban sin compasión.- Veréis, es sencillo, el corazón, hablando en términos espirituales, es como una bolsa que va cediendo por cada cantidad de sentimiento volcado en su interior. Cuanta más felicidad, más donde albergar; contra más rencor y venganza, menos lugar para almacenar, concluyendo con la explosión inminente de actuaciones irracionales. ¿Qué necesidad? - Pensó en una sola persona, y decidió compartir su experiencia personificando la misma.- No busco a nadie en particular entre vosotros, pero... siento vuestra curiosidad, la infelicidad que te hace estar compartiendo esto conmigo. Si eres tú quien me escucha, yo ya te he perdonado.
No siento nada hacia ti. ¿Qué gano con ello? Luché en vano, ciega de rabia, contra paredes hormigonadas y tengo escudo y espada desgastado, desquebrajados. ¡Qué podría decir! Al fin y al cabo, éramos inocentes.
La felicidad no consiste en pregonar la buena suerte que te ha tocado vivir. No se halla en pequeñeces ni en monumentalidades supremas.
Es algo íntimo, férreo al espíritu y dependiente de mucho más de lo que te imaginas. De otra forma, vives un engaño. Como hasta ahora. - Respiró hondo. - Deberíamos aprender a querernos un poco más...
Por eso pienso, que la vida es demasiado corta como para ir recordando cada puntada con la que te remienda la vida el vestido de la memoria. Si ligero es tu corazón, así lo estará tu espíritu. - Concluyó.
El espejo comenzó a empañarse por el frío y sucumbía ante el vaho de aquella noche. La imagen borrosa, quedaba perdida en las profundidades de la masa cristalina.
Y el reloj resonó por entre los muebles y puertas de la casa. Otra reflexión a oscuras que la pequeña compartía a solas, en su reducido universo.
Apagó la luz y se fue a la cama.
¡Perfecto! Era justo lo que necesitaba para dormir.
L.A.
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