Se cumple y se canta su triste elegía.

La libertad, muere en cada esquina y suplica, con voz apagada, un sitio en el que vivir. Yo le ofrezco mi sueño: escribir.

29 octubre, 2011

Texturas de costumbres.

Me gusta asomarme a la ventana. Reconocer los muros nuevos del antiguo hospital militar, frente a los viejos y derruídos del ala norte. Habiéndose librado una batalla encarnizada entre el tiempo y la fuerza del pasado, contra la plenitud y poder del presente. Adoro la musicalidad del vuelo de las golondrinas, despidiéndose del ocaso, de la promesa de un día maravilloso.
Lloviznando, mi pelo se alborota al compás de las nuevas, pero tenues, ráfagas de viento frío, que despejaron las nubes grises del cielo. Respiro humedad y con ella entreabro los ojos del recuerdo: "Una isla que desaparece entre neblinas y olas azules con manto de perlas finas."
 El juego de colores fríos es estremecedor e increíblemente excitante. Es mi piel la que ahora te echa de menos, y mis tobillos se giran, casi sin esfuerzo, para ir en pos de tu encuentro.
Altivo, como de costumbre, tu cuerpo, apoyado en el marco de la puerta y esa risita que muestras sabiendo el poder que tiene sobre mí. Eres magnífico. Todo tu ser envuelto en esa magia, en ese calor.
Me buscas, ahora, a tientas y ambos contemplamos el horizonte. Tus brazos fuertes rodean mi cintura y siente tu respiración en mi cuello, tu anhelante súplica.

Árboles verdes, praderas con tonos marrones, en el infinito de la tarde. Todo en armonía.
Incluso tus labios, que acarician mis mejillas. intentando zafar los míos, encuentran un sitio perfecto en mi piel.
Atesoro cada momento como único e irrepetible y contesto a tu súplica, con el mejor de mis besos.


L.A.

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